El Librerio

Queridos amigos, he visto la puerta entreabierta y me he atrevido a entrar.Me encantan estos libros de terciopelo afelpado y desearía dejar una pequeña reflexión a modo de….preliminar

¿ Es acaso el amor una contractura?

vuestro,

Moortimer

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Algo de material recopilado hace tiempo. Inspirado en parte en el libro The Ethical Slut, de Dossie Easton y Janet Hardy.

A la mayoría nos han enseñado que la única forma de relación sana, normal y natural es la Pareja Monógama de Larga Duración, preferiblemente heterosexual y para toda la vida. Si en algún momento vital nuestros deseos no encajan en ese modelo, eso significa que tenemos una disfunción moral o psicológica, que tiene algo de enfermiza y va contra nuestra propia naturaleza. O en el mejor de los casos que manifestamos una excentricidad, probablemente temporal, una fase pasajera de extraversión o desenfreno, quizás debida a algún desengaño o a una crisis personal.

Much@s podemos percibir instintivamente que hay algo arcaico en este planteamiento, que no tiene sentido en nuestra sociedad actual, pero está tan profundamente enterrado en el sustrato cultural que nos rodea, que rara vez se ve sometido a la crítica. Es casi invisible, pero esta ahí todo el tiempo, detrás de nuestras hipótesis, nuestros valores, nuestros deseos, nuestros mitos, nuestras expectativas.

Recibimos socialmente con moderada flexibilidad novedades como que la masturbación es sana y no provoca ceguera :-), que cuando una relación no funciona es posible e incluso conveniente romperla antes que mantenerla con engaños y sufrimiento hasta la muerte de uno de sus miembros, que las relaciones homosexuales no son una grave enfermedad e incluso que pueden existir relaciones sexuales esporádicas, lúdicas, satisfactorias y superficiales con personas que no nos importan. Porque, eso sí, tarde o temprano una de ellas resultará ser alguien especial e inevitablemente pasaremos a Modo PMLD (Pareja Monógama de Larga Duración). Lo contrario sólo podrá ser producto de una preocupante falta de sensibilidad o una patológica aversión al compromiso ¡sin duda!

Dadas estas premisas, si a alguien se le ocurre poner en duda este criterio tradicional se tiene que enfrentar a una serie de ideas preconcebidas y juicios peyorativos. Entre ellos:

  • Eres Promiscu@: Despectivamente, supone la asunción moral de que tener menos relaciones de caracter sexual, sensual o afectivo es mejor que tener más. Supone medir el valor ético del individuo por el número de sus compañer@s sexuales, no por el respeto y el cuidado con que l@s trata.
  • Eres amoral y peligros@: Se asocia culturalmente la desviación de la norma a actitudes asociales, de excentricidad e incluso de marginalidad. No compartir un principio moral básico podría suponer estar en contra de otros pilares de la sociedad, ser sospechos@ y poco previsible.
  • Eres pecador@ o rebelde: Quien basa su moral en la palabra de sus dioses, su iglesia, sus padres o su cultura opina que la bondad consiste en la obediencia a las leyes establecidas por un poder superior o una tradición. Esto, además de a juzgar como pecadores a otros, nos conduce a menudo a experimentar con culpabilidad y vergüenza nuestros propios deseos y actividades, en muchos casos perfectamente naturales.
  • Estás enferm@ o eres inmadur@: Los estudios psicológicos de la conducta humana de los siglos XIX y XX asimilan las sexualidades y afectividades deformadas respecto de la norma a problemas de formación de la personalidad. Siguen escuchándose hoy en día, constantemente, opiniones que relacionan la madurez personal con una conducta sexual y afectiva tradicional. Conceptos como la adicción al sexo se manejan con ligereza aunque curiosamente la supuesta sustitución de la afectividad y el sexo en pareja por actividades alternativas como el trabajo o el ejercicio físico también se ve como un signo patológico. Esto denota una contradicción y una fuerte tendencia a ver como enfermizo cualquier comportamiento diferente al considerado de referencia social.
  • Eres fácil: ¿Fácil? Sí. ¿Es una virtud ser “difícil”?  😉

Por otro lado, el planteamiento enterrado e invisible mencionado antes se puede diseccionar extrayendo los elementos culturales y sociales subyacentes que lo componen, verdades que se consideran de sentido común, cosas que se asumen, que todo el mundo sabe:

  • Las relaciones monógamas a largo plazo son las únicas que pueden coniderarse verdaderas relaciones: Esta creencia hace sentir que algo te ocurre si no estás comprometid@ en una pareja, si prefieres permanecer libre, si de repente descubres sentimientos, afectos o atracción por más de una persona a la vez, si has probado relaciones tradicionales y no han funcionado. En lugar de cuestionar este dogma, te preguntas: ¿Estoy incomplet@? ¿Dónde está mi otra mitad? Se supone que un@ no es suficientemente buen@ por si mism@, pero la persona correcta automáticamente resolverá todos mis problemas, llenará todos mis vacíos y hará mi vida completa.
    Sin embargo, la monogamia es, con toda probabilidad, algo relativamente nuevo en la historia humana, infrecuente entre los primates sociales y en las sociedades primitivas cazadoras-recolectoras (ver, por ejemplo, En el principio era el sexo, de Christopher Ryan y Cacilda Jethá). Muchas personas reflexivas, informadas e inteligentes han decidido ser monógamas, y hay que aplaudirlo. Pero, ¿cuántos de los que nos rodean, cuántos en nuestra sociedad, pueden decir que han tomado expresa y conscientemente esta decisión tras valorar todas las alternativas en igualdad de condiciones?
  • Si estoy realmente enamorad@, automáticamente perderé todo interés por los demás: Es decir, que si experimento atracción sexual o sentimientos afectivos respecto de otra persona, es por que no estoy enamorad@. Esta creencia ha supuesto una enorme carga de infelicidad, culpabilidad y angustia para muchísima gente a través de los siglos. Sin embargo, si se analiza sin prejucios, es evidentemente falsa hasta el punto de lo absurdo. La evidencia cotidiana en contra es tan abrumadora que no tiene sentido argumentar al respecto. Sin duda, también existen personas que ante determinadas situaciones, como un apasionado amor romántico, un proyecto de vida en común o un examen de matemáticas, pierden todo interés o atracción por los demás. Esto es claramente comprensible y respetable, pero no supone la regla sino más bien la excepción.
  • Los celos son inevitables y normales: Los celos son, sin lugar a dudas, una experiencia que afecta a la mayoría de los humanos, como la envidia, el deseo, la avaricia, la pereza… Sin embargo, los celos (no infundados o a priori, sino respecto de una conducta real de la persona “amada” con otra u otras personas) se consideran culturalmente aceptables. Podríamos decir que es un derecho casi fundamental que se adquiere cuando se establece una relación romántica.
    En nuestro día a día estamos acostumbrados a controlar, sin apenas darnos cuenta, emociones como el deseo de poseer un bien que no es nuestro, el deseo de quedarnos durmiendo al sonar el despertador, el deseo de abordar sexualmente a alguien sin más, etc. Porque ser ladrón, vago o acosador está condenado socialmente. Sin embargo, si se ama a otra persona, automáticamente un@ tiene derecho a sentirse mal, enfadarse y recriminar cualquier actitud de afecto o actividad sexual del ser amado con otras personas. Es más, no sólo es un derecho sino parecería que incluso una obligación. Si un@ acepta estas conductas de la otra persona con naturalidad, se entiende culturalmente que no hay verdadero amor.
    Es decir, nos encontramos frente a una emoción objetivamente destructiva y posesiva que se promueve culturalmente y por tanto no existe el hábito de controlarla. Sin embargo hay abundante evidencia sociológica y antropológica que nos muestra que sí es controlable, al igual que el resto de emociones que hemos puesto como ejemplo. Basta con incorporar el valor del respeto a la libertad de los demás (más aún de aquellos a los que valoramos, apreciamos, queremos) a nuestro día a día para que poco a poco esta emoción sea tan controlable como las demás.

Uhmmm… bonito lugar, cuántos estantes libres… 😉

Empezaré dejando en uno de ellos una reflexión sobre el contenido contractual de eso que llamamos amor, al menos en esta época y en este lugar del mundo, a ver si resulta que podemos ser creador@s de nuestra propia forma de relacionarnos y no nos habíamos dado cuenta…

¿Queremos ser sujetos de amor, o sólo objetos? ¿Qué es el “compromiso”? ¿Decidimos a quénos comprometemos? ¿Quién decide las cláusulas?

Control, seguridad, exclusividad, ¿Podemos exigir estoa nuestras relaciones y seguir afirmando que amamos la libertad? ¿Nos hacelibres esta forma de querer? La libertad del otr@, ¿es incompatible con el amorque me profesa…?
Creo que sí… revisitar, darle la vuelta,ventilarlo… eso vamos a hacer aquí con el amor y la institución que lo oprime. 
¡Bienvenid@s!
El amor está por reinventar, ya se sabe
 Arthur Rimbaud.

Crónica personal de una reflexión colectiva
Más de 50 personas hablando sobre afectos, amor, relaciones… Éstas son las notas que tomé.


Una vez, nos reunimos a conversar y nos planteamos preguntas… Y la primera pregunta fue, precisamente, por qué queríamos conversar. Queríamos vernos, charlar y escucharnos por muchos motivos. Para empezar, quizá, por la dificultad de hablar abiertamente, en una sociedad represora no preparada para entender, por ejemplo, si se puede amar a varias personas a la vez. No es fácil encontrar quien nos escuche e intente comprender. A todo esto se une la represión que la propia educación tradicional ha impreso en nosotr@s mism@s, que todavía complica más esta verbalización, esta comunicación.
Queríamos hablar del sufrimiento que ha generado la obsesión por preocuparnos de qué debería gustarnos en lugar de qué nos gusta realmente. De la dificultad de “desaprender”. De la necesidad y la utilidad de compartir estas cosas con los demás. De etiquetas como “poliamor”, de qué nos sugiere esta palabra. Pensamos que el prefijo “poli” puede denotar en este caso mucho o muchos, “mucho amor” o “amar a muchos”. Nos preguntamos si eso incluye necesariamente sexo o no.
Y así surgió el concepto de promiscuidad. ¿Cómo afecta a l@s demás? Aunque es muy probable que lo más habitual socialmente sea el engaño, creemos que es fundamental la sinceridad, el respeto, el pacto y el equilibrio.
Pero nos preguntamos… entonces qué pasa con los celos. ¿Provienen de la inseguridad? ¿De la competición?  Pensamos que posiblemente la competencia pone en marcha una fantasía: la ficción del abandono. Otro elemento importante puede ser la cosificación de un@ mism@ y de l@s otr@s, que permite convertir la relación en posesión. Nos cuestionamos si la autoestima es también un elemento clave en los celos.
Nos dirigimos entonces a una nueva pregunta: ¿Qué es lo que yo quiero de los demás?, en concreto de las personas que me atraen. Lo que no busco es que alguien que me gusta se cierre, matarl@. Porque disfruto cómo es y cómo vibra. Cuanto más viv@ está, más me gusta y más me enriquece. Si tengo esto claro, los celos pierden toda su importancia.
Pensamos que no hay que vivir el concepto de “ser querido” en términos de qué esperamos obtener sino de qué podemos aportar, ofrecer. Así, sin duda, se puede recibir más riqueza de la que un@ siente que da. Estamos intentando descubrir qué es el amor fuera de los cánones tradicionales. La sociedad no lo pone fácil. Es necesario un espacio de experimentación y eso es lo que buscamos. No nos sentimos cómod@s con los modelos existentes que promueven que dos personas se conviertan en dos cosas, cosificándose para poder pertenecerse y poseerse.
Nuestras vidas se pueden plantear como una búsqueda. Algun@s, primero hemos probado los modelos tradicionales, luego modelos alternativos: repetidas historias de una sola vez, parejas abiertas, dobles parejas… y finalmente constatamos que estamos perdid@s. Que no sabemos lo que buscamos. Que tenemos mucho amor y no sabemos cómo canalizarlo. Quizá el autoamor ha de ser la base para abrir puertas hacia otros caminos como el poliamor o cualquier otra cosa. ¿Quién sabe?
La sociedad tiene una clara tendencia a promover que nos definamos y particularmente que nos definamos en términos de pareja. “¿Tienes novi@?”; “¿Es tu amig@ o es tu novi@?”; ¿Cómo es que no aún no tienes novi@?”… En este sentido, recordamos a amig@s, personas con mucha experiencia, que nos ayudaron criticando la idea de pareja como única alternativa, que nos animaron y nos hicieron cuestionarnos ¿Por qué no abrirnos a un grupo para vivir, disfrutar, criar…?
También nos advertimos a nosotr@s mism@s de que cualquier modelo tiene el riesgo de ser un objetivo a seguir, algo en lo que podemos sentirnos obligad@s a encajar. Hay que aceptarnos a nosotr@s mism@s igual que aceptamos a l@s demás por cómo son y no por el modelo en el que l@s enmarcamos. Hemos de recordar que posiblemente crear un modelo ya es en sí mismo un fracaso, pues el modelo es algo mental y no real. Por ejemplo, desde que nacemos, seguimos un modelo: ciertos horarios para alimentarnos, y así podemos acabar no distinguiendo cuándo tenemos realmente hambre y cuándo no.
Algun@s recordamos haber tenido durante mucho tiempo relaciones monógamas en serie, de varios años de duración, y nos sorprendemos pensando ¿Cómo es posible que nos hayamos pasado media vida así sin haber creído nunca en este modelo?. Desde luego, buscamos algo más abierto pero no es fácil. Para empezar, da la impresión de que va a hacer falta mucho tiempo libre… muchas horas a la semana para buscar, construir y mantener algo nuevo y quizás complejo, y a veces nos agobia pensar que no tenemos tanto tiempo.
Y, por otro lado, también nos pasa que, cada vez que conocemos a alguien que nos gusta, no podemos evitar que nos vengan a la mente imágenes de “la película del amor romántico”. Una fantasía en la que nos montamos sin darnos cuenta. ¡No hay manera! 🙂
Intentamos aplicar “la teoría” a la vida cotidiana: Querer sin celos, no esperar nada, disfrutar sin cortapisas, no querer completarnos ni completar a la otra persona… sin embargo, en ocasiones, no somos capaces de hacerlo, de dejar de proyectar ciertas expectativas. El no ser capaces a veces nos hace sufrir y entonces pensamos que igual deberíamos aceptar que algun@s simplemente no tenemos la capacidad necesaria para cambiar de modelo o que no encajamos tampoco en la alternativa que se nos ofrece.
Es posible que intentar estar más a gusto mediante un cambio de modelo no sea siempre la solución. A veces puede funcionar mejor simplemente buscar el disfrute en lo que se tiene o se es. Por ejemplo, el concepto de la búsqueda de la autoestima a ultranza es discutible. Un@ no es necesariemente mejor si tiene más autoestima. Cada un@ puede tener su propio nivel y sentirse bien con él.
Es posible que algun@s realmente encajemos mejor en el modelo de pareja, siempre que sea con repeto y humanidad. Habría que hablar de fracaso sólo si el modelo es impuesto por condicionamiento social, ya que la pareja puede ser una buena forma de funcionar, quizá si nos permitimos jugar con sus posibilidades y no nos restringimos a lo más tradicional.
Sin embargo, en este sentido, nos cuestionamos por qué existe esa imposición cultural tan extendida de la monogamia. ¿Es realmente algo natural? Desde luego es un modelo que nos han “vendido” con mucha insistencia y con mucho éxito. ¿Por qué tiene el sistema tanto interés en que lo “compremos”? Sabemos que hay mucha bibliografía al respecto y nos emplazamos a intercambiar referencias y consultarlas. Pero nos interesa más hablar de vivencias, experiencias, visiones personales…
Por ejemplo, respecto a la pareja convencional, algunos nos sentimos incapaces de encajar en un modelo que supone estar siempre disponible para otra persona. Nos contamos experiencias curiosas como la que tenemos como tercer miembro de parejas más o menos convencionales y las dificultades de una relación sana, pese a la sinceridad, las charlas con tod@s l@s implicad@s hasta el punto de llegar a etiquetarnos como “asertilovers”… Aparecen cuestiones como la percepción de competición y todo se complica. A veces estas cosas nos llevan a tener la sensación de que querríamos copiar su modelo o inventar otro que nos permita tener un proyecto de vida en común. Sin embargo tambien pensamos que si no somos capaces de tener claro y definido un proyecto de vida propio, cómo vamos a definir un proyecto común…
Algun@s recordamos que partimos de un extremo moral ultraconservador, hemos llegado a lo que podría considerarse otro extremo y ahora estamos en una familia de muchas personas. No podemos imaginar un futuro como madre o padre, por ejemplo, con sólo un@ compañer@, sino en grupo, rodeados de otr@s. Es algo que cuesta de explicar fuera y hay que romper esas barreras.
Esto nos lleva de nuevo a la presión social, que a veces se manifiesta como una preocupación del entorno por tu bienestar. ¿No tienes relaciones?; ¿No tienes pareja?. A veces esta presión proviene de la proyección de las dudas e inseguridades sobre los demás. Esto nos da una pista sobre cómo manejarlas. Es posible que simplemente los que no entienden lo que dices sea mejor no tenerlos demasiado en cuenta y buscar personas que sí lo entiendan. En parte por eso estamos conversando…
Por otro lado, tampoco es obligatorio centrarlo todo en el concepto de grupo, bien sea de 2, pareja, o de más. Igual hay que abrir el pensamiento y considerar algo más diverso. La gente que nos rodea puede tener simplemente diferentes roles: padre o madre de los hijos, amor, amante, compañer@ sexual, etc. Aunque esto todavía es más complejo de presentar socialmente.
Nos preocupa también la interpretación social del contacto físico. A veces el contacto, el roce, la empatía,… no implica necesariamente deseo o expectativa sexual, al menos genital. También es algo a trabajar a la hora de enfrentarse a un entorno con unos clichés muy marcados. Existe un fenómeno de comercialización del afecto, que se oferta y se demanda, y un tabú de la sensualidad, que se asocia a esta oferta. Reivindicamos la normalidad de mostrar contacto o afecto sin que se asocie a un modelo de mercado.
Volvemos al tema mencionado antes acerca de lo natural de un modelo u otro. Nos interesa dejar claro que no es eso lo fundamental. Lo importante es que haya un aspecto lúdico, activo, político, de decisión personal o grupal, independientemente de teorías más o menos academicistas. En cualquier caso, tampoco podemos olvidar cuánto afecta este concepto a muchas personas y cómo pueden sufrir si se consideran “enfermas”, “perversas” o alejadas de “lo natural”. Necesitamos desactivar la potente carga de profundidad que el adjetivo “antinatural” supone para much@s.
Retomamos también el tema de los celos y encontramos que existe un espectro de significados distintos para la misma palabra. Aunque todos están relacionados y parten de la misma base, nos interesa distinguir entre los que están ya reprimidos por la moral dominante (básicamente los celos infundados o al menos relativos a conductas no conocidas) y los que no sólo no se reprimen sino que se consideran prácticamente un derecho o incluso una obligación que se promueve culturalmente (los celos rerefirdos a un afecto o contacto de un ser amado con otras personas). Los primeros se asocian a una fantasía y los segundos pueden verse como una traición o estar enmarcados en un pacto.
Éstos últimos son los que pueden tener más interés para nosotros, por ejemplo, en el modelo del amor libre, en que una relación, del tipo que sea, no limita nunca que cada persona haga lo que desee en todos los sentidos. Algunos consideramos este modelo ideal para personas preparadas tras una etapa más o menos larga de crecimiento personal.
También reivindicamos la validez de la abstinencia sexual deseada. Por los motivos que fueren. Aunque sea simplemente para centrarse en otro tema vital importante, por ejemplo. O también como estado de deseo genital inactivo, pero sin dejar de enamorarse continuamente de otras personas, secuencialmente o a la vez. A veces desearíamos que vinieran otr@s a nuestras casas (sin especificar, adoptando una base de orientación pansexual) pero no necesariamente con sexo genital implicado. Es posible que para algun@s de nosotr@s la sociedad esté demasiado sexualizada.
Y, en el otro extremo, reivindicamos el valor de la “poliseducción” como fuente de placer. Por ejemplo, reconocemos en esta charla gente hermosísima. Much@s podríamos jugar con la mayoría de nosotr@s mism@s de maneras diversas, más o menos profundas o intensas. El “poli” asociado al juego de la seducción sin más límites que los deseos y las afinidades.
En este sentido, nos interesa también el enamoramiento. Es algo de lo que a algun@s NO nos gustaría prescindir. Puede ser un estado muy agradable e incluir proyecciones hacia el futuro, entre otras fantasías y sensaciones maravillosas. Es más fácil que se dé con una sola persona que con un grupo. Da la impresión de que cuanto mayor sea el grupo, más dificultad y quizá sufrimiento puede conllevar.
Sin embargo, también pensamos que el enamoramiento puede ser a veces una demencia. Un estado neurótico en el que se pierde la razón. Un@ puede convertirse en un yonqui. Puede ser desastroso, negativo, incontrolable y acabar en desastre. O quizá la solución es desdramatizarlo. Es una idealización y hay que ser consciente de ello. Podemos entenderlo como un colocón y no como una obsesión.
Es bonito cuando aparece ese click, ese colocón, y eso no significa renunciar a todo lo demás. Cuando sientes eso y no se te obliga a invertir todo en alguien ni obligas a que inviertan todo en ti. Una inversión que sabes por experiencia que siempre acaba implicando una exigencia, una devolución. Esa sensación que antes considerábamos amor, ese dar y pedir el 99% de nosotros mismos a otra persona, ahora pensamos que es lo más opuesto que existe al amor de verdad. Es lo que se nos ha enseñado, pero hemos comprobado lo equivocado que resulta.
Distinguimos varias fases en el proceso de enamoramiento: “atracción”, “deseo”, “enamoramiento” propiamente dicho (ya básicamente cerebral, con las sustancias químicas y las ilusiones y fantasías asociadas) y finalmente “amor”. Las primeras fases no tendrían por qué encajar necesariemente con el modelo de poliamor sino más bien de “polisexo”., y la última requeriría tiempo, equilibrios y confianza, que no son fáciles de alcanzar. En definitiva, algunos pensamos que el polisexo es siempre recomendable y el poliamor complicado de conseguir.
La respuesta que encontramos otr@s a esta posible complejidad del poliamor es que ciertos impulsos, como a veces los de carácter más sexual, competitivo, etc., pueden redireccionarse. Si se tienen muchas ganas y se trabaja, es posible, ya que somos muchas las personas que estamos viviendo así. Es una realidad. Y en lo que se refiere a la atención, el tiempo, los equilibrios… si pretendemos estar en grupo aplicando la lógica de la pareja, sin duda vamos a morir de estrés. En algunos casos identificamos más una extrapolación del modelo de la poligamia que de modelo de poliamor.
A algunos nos resulta más fácil vivir el poliamor como un modelo más libre porque hay menos control sobre nosotr@s y un@ no ha de hacerse responsable de lo que sufren o de la felicidad de los demás, centrándose en lo que siente un@ mism@.  Otro elemento interesante que abre nuevas puertas y nuevas posibilidades es el sexo sin genitalidad.
Vivir en pareja es una experiencia que puede ser satisfactoria y además muy útil como bagaje dentro de un proceso de aprendizaje y avance. Muchas veces es algo interesante de experimentar aunque hasta cierto punto previsible. Nos parece que no ha de verse necesariamente como un objetivo sino como una experiencia a partir de la cual podemos avanzar desde una lógica convergente a una lógica más divergente en la que se va a recibir tanto como se dé, pero sin tener que mantener en equilibrio una balanza de dos platos. Se trata de una dinámica más compleja y no lineal en la que la incertidumbre está integrada de forma natural. Éste es un concepto clave del modelo poliamoroso, que contiene elementos suficientes para que no se considere algo puntual, abocado a ser breve, sino como un posible projecto a largo plazo.
La lógica que se aplica funciona en el sentido inverso al habitual, no compitiendo, sino cooperando cada uno con los demás, ayudándonos a seguir enamorándonos y erradicando así la sensación de amenaza. Por eso, los celos no tienen cabida en esta lógica inversa.
Nuestra experiencia es que se forman uniones de diferente tipo e intensidad, que pueden ir cambiando de muchas formas. Todo es abierto, se sabe lo que ocurre, pero no todo el mundo está pendiente de cada uno de los otros necesariamente. La sexualidad también aparece o no entre unos u otros… predomina la diversidad y prima la libertad y el respeto siempre. La experiencia es muy bonita, funciona y queremos y esperamos que funcione para siempre.
Sin embargo, el sistema presenta una cierta resistencia frente a este nuevo modelo. No hay espacios dentro de los esquemas sociales, legales, la propia infraestructura social empezando por el tamaño y disposición de las casas… Para vencer eso hace falta interés y trabajo y esto es posible sólo si se tiene verdadera ilusión.
Nos preguntamos por qué los criterios y valores que defendemos e intentamos aplicar en nuestra vida, como la justicia, la solidaridad y la generosidad, la exigencia de libertades… no los aplicamos también a nuestro universo afectivo e íntimo. Debería haber más sintonía entre los dos mundos.
Reunirnos y hablar de estas cosas nos reconforta, nos hace sentir que no somos l@s únic@s que nos planteamos estos temas. Cuánto nos habría gustado encontrarnos mucho antes…
Compartimos besos y abrazos.

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